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Misión de Clapvi en Cuba: El P. Alejandro Fabres nos relata sus experiencias

Publicado 29/08/2017

El P. Alejandro Fabres nos comparte su experiencia en la Misión de Clapvi en Cuba, en la que participó enviado por la Provincia de Chile de la Congregación de la Misión.

 

 

Acabo de llegar a Santiago de Chile, han pasado varios días desde que salí de la isla y ya tengo el corazón y la mente más quietos. Ya que al terminar la misión había mucha mezcla de sentimientos, muchas cosas vividas y eso hacía más difícil la despedida.

La aventura comenzó el día 22 de julio cuando me embarqué rumbo a la isla. Aterricé en la Habana tipo siete de la tarde. Allí me esperaba el padre Gilberto y Rubén, un seminarista. Me alojé esos días en la Casa de la Merced, que es una de las dos casas que los misioneros tenemos en dicha ciudad, donde estuve cinco días, ayudando en lo que se podía, conociendo y ambientándome a la vida y costumbres de los antillanos cubanos.

Viajamos con dos venezolanas, el día 29 rumbo a San Luis, ciudad que pertenece a la Provincia de Santiago de Cuba, en donde se llevaría a cabo la misión. Allí nos incorporamos con los misioneros mexicanos, tanto sacerdotes como laicos, y de las otras nacionalidades. Fuimos acogidos, algunos en la casa parroquial y otros en casas de personas que facilitaron habitaciones y colchones para nuestra estadía. Entre el 30 y 31 fue la acogida, análisis de la situación, encuentros formativos. Una reunión con el obispo de la diócesis Monseñor Dionisio García, quien nos iluminó sobre la historia de la Iglesia cubana. Hubo cosas específicas que nos solicitaron y que emanan desde el documento de los obispos de la isla: Hablar desde una iglesia orante, encarnada y misionera.

La organización de la misión nos pidió además que tuviéramos presente tres cosas para nuestra evaluación final: 1.- ¿Qué encontramos? 2.- ¿Que hicimos? 3.- ¿Qué proyectamos?... Y a eso me ceñí...

 1.-Qué encontré:

La localidad a la que me enviaron a misionar con Gustavo, seminarista y Yohander un vocacional, se llamaba nada más ni nada menos que CHILE. Sí, antiguamente era conocida como Santa Ana de Auzá, pero después del Golpe de Estado en nuestro país, se decidió darle el nombre de Chile en recuerdo del país que tuvo a un presidente que no se vendió al capital y que prefirió rendir su vida antes que entregarse. Era una central azucarera que ya no está en funcionamiento, la gente es principalmente campesina, gente buena, acogedora, culta, hasta el más pobre de los campesinos sabe leer y escribir. Todos conocen a José Martí y Nicolás Guillén y recitan algunos de sus poemas de memoria. Encontré un pueblo alegre, que vive, goza, ama. Que agradecen los logros de la revolución y son críticos de sus falencias, que se sienten comprometidos con los procesos y que buscan mejorar su situación. Son gente sacrificada, que se levantan a las tres y cuatro de la mañana para irse a los campos a trabajar en la zafra, que es la siembra de la caña de azúcar, que a las once de la mañana están libres y se sientan a conversar y son de palabra larga, que te ofrecen lo que tienen, desde un simple vaso de agua hasta su colada de café. Gente limpia con calles limpias, gente sana de alma. Los niños aun juegan a la ronda y al pillarse y también son fáciles de entrar con ellos, no tienen malicia. El cubano no es de hablar bajo y te llaman de un extremo a otro para preguntarte que andas haciendo, de dónde vienes y que haces tan lejos de tu país.

Existe el sincretismo religioso intenso. Hay santeros de las religiones ancestrales africanas, cristianos de diferentes denominaciones, los católicos formados antes de la revolución, con sus prácticas de rosario y de todo lo aprendido antes del concilio. Todo eso se integra con una comunidad masónica fuerte y con características propias, los revolucionarios que no necesariamente son los militantes del partico comunista cubano y los integrados o militantes de base. La principal estructura por sector poblacional son los CDR o comités de defensa de la Revolución, en la cual todos participan de diferentes maneras.

 

 2.- Qué hicimos:

Nuestro principal trabajo fue la visita a las casas con el material que la misión tenía preparado, regalo del padre José María Lusarreta. Estampas del Padrenuestro, Ave María, Credo, diez mandamientos y una imagen de Jesús con una invitación preciosa: “ALEGRATE”. Las visitas partían en la mañana tipo diez, primero nos congregábamos en la capilla de Chile, que había sido devastada por el Huracán Sandy y que ya estaba más repuesta. Allí rezábamos y encomendábamos el día, luego salíamos a caminar, nos dividamos por sectores, Chile es un pueblo grande, así que visitábamos casa por casa y en cada una de ellas era sentarnos a conversar a escuchar a conocer a explicar.

 

 Partimos de cosas básicas, como era la señal de la cruz que muchos no saben hacerla, después conversar sobre la vida de la familia, la gente tiene una devoción inmensa por la Mambisa, nombre cariñoso que le dan a la Virgen de la Caridad del Cobre que es la patrona de Cuba, a Jesús no lo identifican mucho…. Pero a la Virgen todos la conocen la veneran y la respetan. Ella nos fue abriendo las puertas de las casas de los cubanos.

Entre la 1 y las 4 de la tarde es difícil hacer visitas porque la gente está descansando y porque o el sol o la lluvia tropical hacía difícil que pudiéramos hacer algo, a las cuatro y media nos reuníamos con los niños en la capilla, allí hablábamos sobre Jesús, la Iglesia, los sacramentos, las oraciones, jugamos, nos reímos, compartimos. Luego celebrábamos la misa y luego dábamos algún tema de formación básico. La gente iba recordando lo que por tantos años había sido olvidado….

Hubo sacramentos: reconciliación, primeras comuniones, bautizos, hasta un funeral por ahí nos tocó. Muchas visitas a enfermos y ancianos, y a todos les dimos la unción de los enfermos. La gente adulta se recuerda de las visitas de los misioneros paúles de antaño. La gente tiene ansía de Dios.

Partimos con cinco niños y ocho adultos y terminamos con más de treinta niños y jóvenes y la capilla llena gente adulta.

La recepción de todos fue muy buena, incluidos los compañeros de partido que facilitaron todo para que se pudiera hacer una buena misión en cada uno de los sectores. Creo que hay menos suspicacias y sospechas de ellos hacia nosotros que de nosotros hacia ellos. Es un desafío para la Iglesia cubana trabajar en un proceso integrado en donde todos tengan cabida.

Finalizamos la misión el día 14 de agosto, con una misa grande en la capilla, en donde nos despedimos de la gente e hicimos un pequeño compartir. Fue hermoso sentir que se había cumplido la tarea. El día 15 fuimos a Santiago de Cuba por invitación del señor arzobispo a celebrar la Asunción de la Virgen, el 16 fue la fiesta patronal, y de ahí nuestro retorno a La Habana.

 

3- Qué proyectamos.

 

Qué está misión tenga una continuidad, con los catequistas de la parroquia. Qué se puedan seguir animando a la gente acompañada durante todo este tiempo. Que desde CLAPVI se genere un equipo itinerante que permita acompañar a los dos sacerdotes que atienden esa comunidad por un tiempo prudente, por lo menos de dos años. Que se siga pensando en material para continuar con ciertas temáticas de sacramentos y vida cristiana.

De verdad, agradezco a Dios y a la Congregación está oportunidad de vivir esta misión con todo. Me vine con convicciones más profundas de que el mundo puede ser diferente, y eso me lo demostró Cuba y su gente. Que podemos hacer una sociedad más solidaria, rompiendo prejuicios. Que la presencia de Dios es vital en la vida del ser humano. Vengo con el corazón lleno de agradecimiento, especialmente al Padre Héctor Farfán, párroco y responsable de la misión que se esforzó porque cada uno de los misioneros estuviésemos lo mejor posible. Las señoras de las cocina, en San Luis y en el mismo Chile, los seminaristas y vocacionales que nos fueron ayudando con modismos y palabras propias e impropias de su cultura. A todos los compañeros y compañeras del partido que vencieron sus prejuicios ideológicos y se sumaron a la misión especialmente a la negra Ofelia, la comandante. A cada uno de los cubanos y cubanas que nos abrieron sus vidas y sus corazones. Fue toda una experiencia de vida. A todos, Gracias.