Rescatando tradiciones: La procesión en honor a la Virgen de Luján

Durante décadas, tuvo lugar en Playa Ancha una lucida procesión en honor de Nuestra Señora de Luján, considerada patrona de los campesinos del sector.

La historia de la Virgen de Luján, patrona de Argentina, se remonta a mayo de 1630, cuando una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, traída de Brasil, detuvo milagrosamente una carreta a orillas del río Luján, señalando su deseo de quedarse allí. La Virgen eligió un lugar humilde, custodiado inicialmente por el Negro Manuel, convirtiéndose en un faro de fe.

Los misioneros de Congregación de la Misión jugaron un papel histórico y fundamental en la difusión del culto a la Virgen de Luján. Tuvieron a su cargo el Santuario de Luján durante cerca de 130 años, desde 1872 hasta 2001, impulsando la construcción de la actual Basílica y organizando el cuidado de la imagen.

El P. Manuel Godoy López, C.M., que fuera párroco de la Parroquia San Vicente de Paúl, entre 1938 y 1945, trajo una réplica de la imagen venerada en Luján a esta parroquia, ubicada en el populoso barrio porteño de Playa Ancha. Instalada la pequeña imagen en un lugar destacado del templo parroquial, comenzó a recibir la visita de los campesinos, que venían a hacer trámites y a hacer sus compras en el comercio de la Avenida Playa Ancha y lugares cercanos. Poco a poco y espontáneamente la Virgen de Luján se convirtió en la patrona de los campesinos del sector.

Pronto comenzó a celebrarse la fiesta de la Virgen en el domingo más cercano al 8 de mayo, que es la fecha en que l.a celebra en Argentina. Esta fiesta tuvo su epicentro en la procesión, en la que se llevaba la imagen de la Virgen, bellamente adornada, en una carreta tirada por bueyes- recordando la carreta en que la imagen original era transportada en Luján- y acompañada por decenas -a veces más de un centenar- de huasos a caballo, recorriendo las principales arterias playanchinas, especialmente las avenidas Playa Ancha y Gran Bretaña.

Por más de seis décadas, ésta fue una de las fiesta más importantes de Playa Ancha, comúnmente presidada por el obispo de la diócesis y con la presencia de autoridades, entre las cuales, muchas veces, cónsul argentino en Valparaíso. Había una confuencia -como suele suceder en este tipo de manifestaciones- entre la tradición, el folklor y la fe y la piedad

Artífices de la fiesta fueron el P. Godoy, el Hermano Manuel Parra, C.M. (fallecido en 1977) y los párrocos y vicarios que les sucedieron, especialmente el P. Oscar Núñez, que hizo instalar la imagen de la Virgen de Luján, en el frontispicio del templo parroquial, cuando después de décadas se realizó las terminaciones del exterior de la iglesia (año 1978 aproximadamente). También fueron importantes la familia Muga, que colaboró en el financiamiento por muchos años y, por supuesto, los campesinos o huasos de los alrededores de Valparaíso.

En los años 90, por no contar con los bueyes, se reemplazó la carreta por una camioneta. Pero la fiesta siguió realizándose con entusiasmo, hasta que como de la pandemia y de otras circunstancias, se suspendió, hasta que este año 2026 se pudo retomar.

Este domingo 3 de mayo, contra todas dificultades que hubo que enfrentar: se intentó los años 2024 y 2025, sin resultados- no fue posible motivar a los huasos; a última hora se debió cambiar el recorrido, debido al partido de fútbol que había en estadio de Playa Ancha, lo que significó además que no hubiese el resguardo de Carabineros- se tuvo la procesión. Fue una procesión distinta a la tradicional. Ya no hubo ni la carreta, ni la camioneta., sino un anda sobre los hombros de cuatro personas. El recorrido no fueron las principales avenidas sino las calles República, Aguayo, Atalaya, Levarte y Sierra. No hubo huasos, pero si dos agrupaciones de bailes religiosos y una banda del Cuerpo de Bomberos. Hubo una buena representación de cada una de las comunidades de la parroquia.

La procesión concluyó en el frontis de la iglesia parroquial, con un esquinazo en que dos parejas de jovencitos bailaron la cueca, hubo una breve exhortación, se cantó el Himno Nacinal y se impartió la bendición.

En el pasado, la procesión tenía la finalidad de orar por los campesinos -muchas veces para pedir la lluvia, que a veces escasea- y en su momento para pedir por la conservación de la paz entre Chile y Argentina, especialmente en los años en que esa paz fue amenazada, a finales de los años 70. Esta vez, la intención fue orar por la paz, especialmente para los países actualmente azotados por la guerra y aquellos que arriesgan perderla. También se quiso orar por los que son víctima de guerras be injusticias, especialmente por los migrantes y sobre todo por los que están entre nosotros, recordando que la devoción de la Virgen de Luján viene de fuera de nuestras fronteras.

Fue una jornada hermosa, porque «hicimos ruido», nos hicimos notar con la presencia de la imagen de la Virgen y el sonido de las bandas y el baile religioso. Dios permita que en años sucesivos se pueda mantener esta tradición.

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