Con motivo de la próxima solemnidad de nuestro santo fundador el 27 de septiembre, el Superior General de la Congregación de la Misión y de la Familia Vicentina, P. Tomaž Mavrič, CM, ha compartido su tradicional carta anual. Este año, el mensaje lleva por título «El asombro agradecido de san Vicente de Paúl», un texto que resuena con fuerza en los micrófonos de nuestra emisora y nos convoca a sintonizar nuestra vida con el clamor de los más necesitados en clave de sinodalidad.
A través de su misiva, el Superior General nos invita a contemplar la figura de San Vicente no como un personaje del pasado, sino como una inspiración viva que supo dejarse guiar por la Divina Providencia sin adelantarse a ella. El carisma nació del encuentro real con el rostro sufriente de Jesucristo en los pobres, y hoy esa misma voz nos desafía a través de tres grandes prioridades:
1. Responder con audacia a las nuevas pobrezas
El P. Mavrič nos recuerda que las buenas intenciones ya no bastan en el mundo actual. La Familia Vicentina debe actualizar su servicio ante realidades urgentes que tocan nuestra programación diaria:
- El dolor de los migrantes y desplazados por la violencia o desastres naturales.
- Las duras consecuencias de las guerras y el cambio climático.
- La brecha digital que aísla y margina a miles de personas mayores y de escasos recursos.
2. Caminar juntos en sinodalidad
Haciendo eco del camino de la Iglesia universal, el mensaje enfatiza que ninguna rama de la Familia Vicentina posee el carisma por completo. Estamos llamados a romper el aislamiento institucional y trabajar unidos. ¡La caridad es más fuerte cuando unimos nuestras fuerzas y talentos!
3. Impulsar Centros de Formación Vicentina
Como propuesta concreta para este año, se solicita la creación de espacios de formación compartida en cada país. Estos centros deben ser una «casa común» donde laicos, religiosos y consagradas profundicen juntos en la espiritualidad vicentina y analicen la realidad social a la luz del Evangelio.

